Parece que la certidumbre se hace densa en determinados espacios. Por alguna razón ciertos lugares rezuman consistencia y solidez; se diría que su coherencia es inmune a la trama de lo previsible y ordenado.

Estos espacios, por lo que yo sé, no se dan en vórtices místicos, o en tabernáculos de sabiduría, no son adyacentes a conocimientos ni creencias. Más bien burbujean, por ejemplo, en la huella de algún objeto que una mano dejó estar sin intención ni significado o en el batir de alas de un insecto, que sin propósito y aun de forma inapreciable, seguro que modificó el movimiento de los astros y tantas otras pequeñas cosas que de forma reiterada hablan de lo esencial de los fractales, de la riqueza de los pliegues, de la verdad de las grietas.

Tal vez vivimos en la cerrazón de adorar estereotipos desprovistos de textura. Los elevamos a deidad mediante el maquillaje, la negación, la condena o el exilio.

¿Y no es eso negar la verdad? La que es, no por moral, ni por estética, ni por mandato divino o humano; sino la que es por que está siendo, sin más intención, ambición o sentido… puede que, con silencio atronador, ésta esclarezca que tales estereotipos, son espejismos que restan y tienden al uno (lo liso, pulido y uniforme) para de este modo negar el plural (lo rugoso, diverso y abrupto).

A mi me nutre creer así. Y porque todo esto está ahí, es legitimo buscar. Aunque, a mi modo de ver es mucho más emocionante ponerse en disposición de encontrar.

No sé si me he explicado bien, pero yo se lo que me digo…

FacebookTwitterYahoo BookmarksBlogger PostGoogle GmailShare