Ando pues como sé,
y así me doy al camino.
La piel, perfumada de vida,
a surcos me teje el vestido.

Me atrevo a mirarme a los ojos,
quieto, atento, despierto y tranquilo.
Me doy un batacazo.
Desaprendo lo aprendido.

FacebookTwitterYahoo BookmarksBlogger PostGoogle GmailShare